Ciudad Emergente 2010: Crónica del día 3

Ya una vez dentro del Centro Cultural Recoleta, y a pesar de ser temprano aún (un rato antes de las 5 de la tarde), el jardín y los pasillos del lugar se ven con tránsito permanente. El público, que irá creciendo a medida que anochezca, es notoriamente joven, con marcado acento indie underground.

Fuera de las salas, en la terraza del centro, un escenario montado especialmente para el festival espera el arribo de Amel, cuyo show está programado para las 17. Puntual, y con el sol escondiéndose en el horizonte, salen a escena. Presentación con megáfono, y arranca el primer tema. Con formación tradicional, la propuesta de Amel se basa en un pop rock con canciones a medio tiempo, letras de encuentros y desencuentros (de todo orden, no solo amorosos), y un sonido bastante ajustado. Recién en el segundo o tercer tema, con Radio Toulosse, logran que el público empiece a encenderse.

Pasados 20 minutos de las 17, Amel sigue tocando, pero está por empezar Satan Dealers, la banda por la que vinimos. Devuelta bajo techo, y en un ambiente mucho más rockero (de fondo suena My Hero de Foo Fighters), unas 50 personas aguardan por la dosis garage del festival. Sin hacerse rogar, los Satan aparecen, se calzan los instrumentos, y arrancan. Adrian Outeda & Cía tienen la costumbre de no hablar demasiado, solo tocar y tocar. Es así que en un show breve (algo más de media hora), tocan 7 u 8 canciones, pero sirve para dejar una buena impresión en la gente que no los conocían. La lista de temas incluyó Se paraliza en mi, My favorite rock star, Black Hunter, White Hunted, Luces, They try to shooted but they miss y algunos otros que forman parte de su última producción, En Vivo, grabado en la presentación de fines del 2009 en el Club Roxy Live Bar.

Con 10 años de carrera, Satan Dealers viene confirmando en todo este tiempo que es uno de los grupos más interesantes de la Argentina, en lo que respecta al rock crudo que supo instalar Stooges en los 70.

Con las melodías de Satan Dealers todavía sonando en el aire, y el público dispersándose nuevamente, volvemos a la terraza, donde ahora suena Tan Biónica. Para tener una mejor vista hay que caminar un poco, ya que la asistencia creció considerablemente. Lo primero que llama la atención es la enorme audiencia femenina que, se nota claramente, vinieron especificamente a ver al cuarteto. Con reminiscencias del Cuarteto de Nos (varias letras están plagadas de rimas, aunque sin llegar al extremo de la banda uruguaya), y Babasónicos (esa rebeldía inofensiva), Tan Biónica se nutre de historias de desamor, noches de diversión, y flechazos a primera vista.

Abajo del escenario, la gente canta, alegre; y en primera línea, bien cerca de los músicos, un puñado de chicas no paran de saltar. El sonido de Tan Biónica es pegadizo, bailable y alegre. El cantante alienta esa energía y la multiplica, con carisma y desenfado. Quienes presenciaron el show, muy probablemente coincidan que, más allá de que guste o no, Tan Biónica tienen todos los caminos abiertos para crecer.


Escribe un comentario